7 de octubre de 2018

Autoras descubiertas (y por descubrir)

En en el transcurso de estos meses tuve la fortuna de descubrir verdaderas joyas literarias, de la mano de una serie de escritoras que me revelaron refrescantes mundos ficcionales. En esta reseña, no incluiré a la canadiense Margaret Atwood, a quien llevaba tiempo queriendo leer y le dediqué una extensa publicación hace unos días. En cambio, me gustaría dedicarle unas líneas a las autoras con las que me topé casi por azar, sin ninguna referencia previa. Todas ellas son inglesas y comparten el hecho de haber sido poco reconocidas o tardíamente valoradas:                                                                                              


En este libro, Vera Brittain (izq.) 
relata detalles de su amistad
con Winifred Holtby (der.)
Winifred Holtby : feminismo y pacifismo

Mi encuentro con esta escritora se produjo, en primer lugar, gracias a la película  Testamento de juventud (2014), una cinta biográfica basada en el libro homónimo de Vera Brittain, íntima amiga de Winifred Holtby y principal responsable de que su obra más reconocida viera la luz. Las dos formaron parte de la generación de mujeres sobrevivientes de la Gran Guerra. En medio de un clima xenófobo y belicista, ambas escritoras trabajaron para concientizar sobre los estragos que producen los enfrentamientos armados -Brittain había sufrido la pérdida de su hermano de diecinueve años y de su futuro marido, Roland Leighton (soldado y poeta)- y lucharon activamente por los derechos de la mujer a la educación y el trabajo.  

South Riding (1936) fue la última novela escrita por Winifred Holtby y publicada de manera póstuma por su amiga. En particular, me gustan las historias corales y costumbristas al modo de Cranford (1873), de Elizabeth Gaskell. Por eso, no dudé en adentrarme en esta novela que ofrece un conjunto variopinto de personajes, que ven cómo el fin de siglo se lleva consigo las antiguas costumbres y tradiciones para dar paso a los avances técnicos y los cambios sociales. Hay dos personajes que simbolizan el choque entre ambas épocas. Por un lado, Robert Carne, último bastión de una gloriosa familia de hacendados venida a menos y padre de una hija fruto de una relación tormentosa. Por otro, Sarah Burton, una maestra idealista que regresa  para asumir la dirección de la única escuela para señoritas del pueblo. Los cruces entre ambos personajes serán inevitables, sin embargo, no debemos esperar un desenlace feliz ni conciliador. Entiendo que para Holtby sus personajes (personalidad, manera de actuar, apariencia) son símbolos de una época y no espera sacrificarlos en pos de un romance que terminaría siendo inverosímil.


La otra Elízabeth Taylor
Elízabeth Taylor: narradora del siglo XX


Leyendo acerca de Elízabeth Taylor, la novelista, entendí que una de las constantes de su carrera literaria fue el hecho de pasar desapercibida. Su nombre, paradójicamente, no la ayudó demasiado. En los últimos años, sin embargo, la crítica revaloriza su obra y la erige a la altura de reconocidas escritoras como Barbara Pym y Elizabeth Bowen. Ojalá que ese reconocimiento se traslade,también, a los lectores.

Por mi parte, desde que leí la sinopsis de  La señorita Dashwood (1946) supe que me gustaría. Se trata de una novela con la atmósfera de Jane Eyre (1847), pero, con el punto de vista de una protagonista de mediados del siglo XX. La narración sigue los avatares en la vida de Cassandra, quien tras la muerte de su padre debe abandonar su casa y convertirse en institutriz de una niña misteriosa y taciturna. A diferencia de Jane, la joven cuenta con cuantiosas referencias literarias y crea en torno a su patrón un mundo de ensoñaciones que difícilmente éste pueda cumplir.


"Incluso antes de verle o de hablar con él, Cassandra había decidido amarle, como una institutriz en una novela. Conocerle simplemente había confirmado su intención, había hecho posibles sus esperanzas"

Tal y como lo adivinó, su patrón es un viudo taciturno y huraño, con una predilección particular por la literatura griega. Sin embargo, no cuenta con que la mansión  también albergue a una serie de personajes que viven a  costa del dueño sin que a él parezca importarle: su sombrío hermano Tom, quien vive atormentado por un secreto del pasado; su prima Margaret, caprichosa y metiche; la tía Tinty, internada en un mundo que solo encuentra sentido en las películas; Nanny, su celosa ama de llaves. La mansión de Marion Vanbrugh es una casona en ruinas, que guarda secretos a voces acerca de su antigua dueña y señora. Todos los habitantes hacen lo posible por guardar viva su memoria y parecen estar complotados en contra de la nueva institutriz y la posibilidad cierta de un romance. En más de una ocasión, tenemos dudas de que las ensoñaciones de Cassandra tengan algún fundamento - el señor Vanbrugh no parece estar a su altura - y no lo sabremos sino hasta el final, cuando deba demostrarlo.

Esta entrada, como me lo temía, terminó haciéndose muy extensa. Aún tengo en el tintero a dos gratos descubrimientos, a quienes dedicaré una próxima reseña. Hablo de Barbara Comyns y Anita Brookner, quienes me regalaron entretenidas noches de lectura y me sacaron más de una carcajada.

16 de septiembre de 2018

El cuento de la criada (1985), de Margaret Atwood


"Lo normal, decía Tía Lydia, es aquello a lo que te acostumbras. Tal vez ahora no os parezca normal, pero al cabo de un tiempo os acostumbraréis. Y se convertirá en algo normal."

Esta inquietante novela nos sumerge en la vida de Defred, una mujer desprovista de nombre (el que lleva solo la identifica como la criada de un hombre influyente, literalmente: de Fred) y que tampoco posee la libertad de elegir sobre su propio cuerpo. La historia es un relato testimonial, a través del cual la protagonista busca poner en palabras el horror que padece por el solo hecho de pertenecer al género femenino. Con ello, busca servir de advertencia a las mujeres del futuro (a las que imagina libres), para que no olviden y no permitan que vuelva a suceder. Sin embargo, mediante ese maravilloso juego de resonancias que es la ciencia ficción, las lectoras (reales) del presente leemos entre líneas y reconocemos en nuestra sociedad algunos de los indicios que serían capaces de desencadenar una catástrofe similar a la que vive la protagonista. La autora, también, busca alertarnos.

La historia de Defred se desarrolla en la República de Gilead, ubicada en el antiguo Estados Unidos. Se trata de un lugar en el predomina un sistema teocrático dominado por la voluntad de un grupo de hombres, quienes revisten sus arbitrariedades bajo un halo de religiosidad. La fortaleza del sistema se asienta en el desconocimiento de los derechos de las mujeres, quienes quedan reducidas a su sola corporalidad y la capacidad de engendrar y parir a los hijos que ayudarán a perpetuar el sistema. De esta manera, el poseer esta capacidad reproductiva o no les asigna un lugar dentro la estricta jerarquía de cuerpos femeninos: las Esposas gozan de la seguridad de tener un marido influyente, aunque en su mayoría padecen de esterilidad; las Econoesposas están casadas con hombres pobres y deben cumplir con todas las tareas asignadas a las esposas del pasado; las Martas son mujeres en edad no reproductiva, que tienen la misión de "adiestrar" a quienes cargarán con esa responsabilidad; las Criadas son los cuerpos encargados de engendrar los hijos; las No mujeres, en tanto, son aquellas que han sido desterradas  a Colonias por negarse a cumplir con la función natural encomendada.

"Todos los meses espero la sangre con temor, porque si aparece representa un fracaso. Otra vez he fracasado en el intento de satisfacer las expectativas de los demás, que han acabado por convertirse en las mías"

Los trajes simbolizan la función de cada mujer
en la sociedad.  
La autoridad se las ingenia, además, para que ninguna mujer se atreva a olvidar su rol en ningún momento de la vida diaria. Por eso, cada una viste el traje correspondiente a su función: las Esposas van de azul, las Martas de estricto marrón y las Criadas de rojo sangre. Resulta impresionante que, si bien estamos frente a una sociedad patriarcal, sean las propias mujeres sus principales promotoras y custodias. De hecho, sin su atenta mirada censora hacia las otras mujeres la conservación del orden sería imposible. En el prólogo, Margaret Atwood compara esta situación con el maltrato que algunas mujeres ejercen sobre otras en la vida real, por ejemplo, en las situaciones de relativo poder que les otorgan los medios de comunicación (el anonimato y la impunidad de las redes sociales, en particular).


El relato de la criada nos adentra en la cotidianidad del  grupo de las mujeres de rojo, quienes son adiestradas para olvidar su pasado (familias, amistades, antiguos trabajos, deseos) y dedicar todos sus esfuerzos en la concepción de un hijo (que no tendrán derecho a querer ni criar como tal). Las Criadas ocupan el lugar de las Esposas en  actos sexuales periódicos con sus maridos, los cuales tienen sólo un fin reproductivo y deben estar desprovistos de cualquier tipo de deseo. Esta tarea les acarrea el odio de las demás mujeres, quienes las miran con repugnancia y casi no les dirigen la palabra. En medio de esta situación de opresión absoluta, Defred está atenta a las grietas del sistema y busca descubrir el modo de burlar las normas (no solo con el pensamiento).

"Todas las paredes están cubiertas de estanterías con libros. Libros, libros y más libros perfectamente a la vista, sin llaves ni cajones. No me extraña que no nos esté permitido entrar aquí. Esto es un oasis de lo prohibido. Intento no dejar la mirada fija en ellos"

Considero a esta novela como una lectura necesaria, no solo por sus méritos literarios sino también por las temáticas tan actuales que aborda y denuncia. Al ser consultada acerca de si El cuento de la criada puede ser definida como una "novela feminista", Margaret Atwood responde lo siguiente: "Si eso quiere decir un tratado ideológico en el que todas las mujeres son ángeles y/o están victimizadas en tal medida que han perdido la capacidad de elegir moralmente, no. Si quiere decir una novela en la que las mujeres son seres humanos - con toda la variedad de personalidades y comportamientos que eso implica - y además son interesantes e importantes y lo que les ocurre es crucial para el asunto, la estructura y la trama del libro...Entonces sí" (en la Introducción de la edición 2018 de la editorial Salamandra).

P/d 1: Atwood es una intelectual muy comprometida en la defensa de los derechos de la mujer. Recientemente, ha sido una militante activa en el debate de la legalización del aborto en Argentina. Les dejo el link de un artículo periodístico si les interesa profundizar sobre el tema: "¿Un estado esclavista?"

P/d 2: Las imágenes que ilustran mi reseña fueron tomadas de la serie de televisión The Handmaid´s Tale (2017), que sólo he podido ver de manera fragmentada. Aún estoy reuniendo las fuerzas necesarias para verla...

26 de agosto de 2018

Julio Cortázar: 104 años


Un día como hoy, pero, de 1914 nacía en Bruselas uno de los mejores escritores argentinos de todos los tiempos. Siempre recuerdo mi primer encuentro con uno de sus cuentos en el marco de una tarea escolar, que no admitía segundas lecturas o interpretaciones divergentes. Lo contradictorio es que el cuento sí las habilitaba, es más, incentivaba el desconcierto constante y se regodeaba en esa duda y esa magia. Con mis intuitivos catorce años, me dí cuenta de que estaba frente a una forma de narrar nueva y desafiante. No se parecía a las historias complacientes y llenas de certezas que hasta ese momento eran para mí la literatura. Inexplicablemente, lo odié con todas la fuerzas de mi adolescencia y deseé que jamás se volviera a cruzar en mi camino. Luego, gracias a la profesora de Lengua, supe que Cortázar había fallecido en París hacía veinte años, un día de lluvia de 1984 (lo de la lluvia lo imaginé yo). En ese momento, comprendí que Cortázar (como todo gran escritor, ahora lo sé) había dotado a su palabra del poder de trascender, interpelar, conmover los tiempos, los espacios y los lectores. Ese primer cuento era "Lejana", pero, pudo haber sido cualquier otro:


Comparto con ustedes la preciosa lectura de Alejandro Apo, ese gran cuentacuentos, y la primera entrada del diario de Alina Reyes, tan cercana como lejana:

12 de enero
Anoche fue otra vez, yo tan cansada de pulseras y farándulas, de pink champagne y la cara de Renato Viñes, oh esa cara de foca balbuceante, de retrato de Dorian Gray a lo último. Me acosté con gusto a bombón de menta, al Boogie del Banco Rojo, a mamá bostezada y cenicienta (como queda ella a la vuelta de las fiestas, cenicienta y durmiéndose, pescado enormísimo y tan no ella.)
Nora que dice dormirse con luz, con bulla, entre las urgidas crónicas de su hermana a medio desvestir. Qué felices son, yo apago las luces y las manos, me desnudo a gritos de lo diurno y moviente, quiero dormir y soy una horrible campana resonando, una ola, la cadena que Rex arrastra toda la noche contra los ligustros. Now I lay me down to sleep… Tengo que repetir versos, o el sistema de buscar palabras con a, después con a y e, con las cinco vocales, con cuatro. Con dos y una consonante (ala, ola), con tres consonantes y una vocal (tras, gris) y otra vez versos, la luna bajó a la fragua con su polisón de nardos, el niño la mira mira, el niño la está mirando. Con tres y tres aslternadas, cábala, laguna, animal; Ulises, ráfaga, reposo.
Así paso horas: de cuatro, de tres y dos, y más tarde palindromas. Los fáciles, salta Lenin el Atlas; amigo, no gima; los más difíciles y hermosos, átate, demoniaco Caín o me delata; Anás usó tu auto Susana. O los preciosos anagramas: Salvador Dalí, Avida Dollars; Alina Reyes, es la reina y… Tan hermoso, éste, porque abre un camino, porque no concluye. Porque la reina y…
No, horrible. Horrible porque abre camino a esta que no es la reina, y que otra vez odio de noche. A esa que es Alina Reyes pero no la reina del anagrama; que será cualquier cosa, mendiga en Budapest, pupila de mala casa en Jujuy o sirvienta en Quetzaltenango, cualquier lado lejos y no reina. Pero sí Alina Reyes y por eso anoche fue otra vez, sentirla y el odio.

P/d: Nada como el cumpleaños de mi querido Cortázar, para superar el miedo a la página en blanco que experimenté estos meses. Espero retomar la escritura en el blog en los próximos días.

29 de abril de 2018

Un gorrión en mi biblioteca

De un tiempo a esta parte, procuro estar más alerta de las señales dispersas en la vida: las fácticas y las oníricas, por supuesto. La más frecuente es la del libro que dí por perdido, tras revisar la biblioteca en todas las direcciones, para luego encontrarlo muy campante sobre el escritorio ¿Estuvo siempre ahí o es un descarado recurso para que lo lea? Con el tiempo, he notado que los libros fantásticos son los que más apelan a esta estratagema. Otra señal que siempre me desconcierta es la de los sueños premonitorios (heredada de mi madre) que, de alguna manera, anticipan situaciones o diálogos que vivo en la vigilia como inexplicables déjà vus. Algunos de mis sueños suelen ser tan vívidos que, más de una vez, me he sorprendido contando con lujo de detalles experiencias que tuve cuando estaba dormida. Es más, creo que gran parte de mi memoria se compone de momentos robados a los sueños y a la ficción.

Últimamente, las señales provienen de la naturaleza, específicamente, del mundo animal. Diferentes especies han desfilado no sólo en las historias ficcionales que leo y miro (sapos, ciervos y vacas), sino también en la cotidianeidad de mi biblioteca. Hace unos días, escuché el minúsculo aletear de dos mariquitas empecinadas en posarse en mis manos. Hoy, recibí la visita inesperada de un gorrión, con la que me pegué un buen susto, la verdad. Abría la puerta de mi habitación, cuando sentí un ruido extraño y vi al pequeño pájaro posado sobre el anaquel superior de la biblioteca. Fue muy grande mi sorpresa, porque había juntado las hojas de la ventana antes de salir y no había viento. Por lo tanto, barajo dos hipótesis (una más increíble que la otra).La primera: el gorrión escuchó que las mariquitas suelen reunirse en el azul de mi habitación, así que decidió empujar la ventana y dar un vistazo en el interior. La segunda, y la que más me gusta: el gorrión escapó de uno de los libros, quién sabe, podría ser uno de los pájaros que anidaban en las torres de Thornfield Hall y despertaban a Jane Eyre con sus trinos...

Después de consultar algunas páginas de internet, supe que el gorrión simboliza la alegría y su presencia nos anima a tomar la palabra y a hacer valer nuestra propia voz, además, nos protege frente al peligro. Algo que me gustó mucho, también, es que a pesar de su pequeño tamaño logra hacerse escuchar y no pasar desapercibido. En fin, me encantó recibir su visita.




24 de abril de 2018

[Fotogramas] En cuerpo y alma (2017), de Ildikó Enyedi

Her skin is white
And I'm light as the sun


Un bosque nevado, dos ciervos vagan en busca de alimento. Uno de ellos posee una cornamenta imponente, la cual lo asemeja a los espíritus que habitan los bosques. Su compañera es una cierva, posee un tamaño considerablemente menor, se ve asustada e indecisa. La nieve cae en forma de volátiles plumas, que se adhieren y deshacen al ponerse en contacto con sus cuerpos. Ambos desprenden un aura de vapor. El silencio reinante es apenas recortado por el fluir de un arroyo. Sus hocicos se tocan y sus miradas se cruzan brevemente. Continúan caminando.


So I asked him,
How he became this man?
How that he learned,
To hold fruit in his hands?

Un matadero. Desde la caja de un camión, una vaca contempla por última vez el sol; se recrea en él y su tibieza. Las máquinas inician sus rotativas, se escuchan fríos ruidos metálicos. Los animales avanzan sin resistencia por la cinta e inicia la carnicería. Cierro mis ojos para no ver, me horroriza ser testigo de un destino tan trágico. Para cuando los hombres terminan su faena, el ambiente del frigorífico -antes tan blanco como la nieve- queda manchado de sangre. Suena un timbre, las personas se dirigen al comedor, enfilados como ganado.

He wrote, I'm broke
Please send for me
But I'm broken too,
And spoken for
Do not, tempt me

En cuerpo y alma (2017) es una cinta cinematográfica cargada de simbolismo. La historia se desarrolla en dos planos: un bosque de ensueño y un matadero tan sórdido como real. Sus protagonistas son dos seres solitarios, que trabajan en el sector administrativo de ese lugar. Los tímidos intercambios que mantienen, no indican ninguna afinidad entre ellos. Es más, cualquiera diría que apenas se soportan. Sin embargo, una inusual semejanza los conecta: desde un tiempo a esta parte, ambos se sueñan ciervos y se imaginan juntos, caminando por un bosque nevado. El azar los pone en conocimiento de esta singular conexión y, a partir de ese momento, nada puede ser igual.

Endre, el director financiero, es un hombre maduro y con una discapacidad en su brazo izquierdo. Su aspecto es el de un ser herido, cabizbajo y con una extremidad colgando, como si se tratara de una pesada carga que debe llevar a todas partes. Mária Racz, por otro lado, es la nueva inspectora de calidad. Su mundo está regido por las medidas, la simetría y una estricta rutina; es una persona extremadamente reservada, que evita cualquier interacción o contacto físico con el resto de la sociedad. Los dos, a su manera, han elegido y aceptado las reglas impuestas por el aislamiento. Sus días se suceden a través de pequeños rituales cotidianos: ir de compras, comer a la hora convenida, mirar la televisión y lavar la ropa. Paradójicamente, el único momento en el que se permiten estar acompañados es en el sueño.
Forgive me Hera
I cannot stay
He cut out my tongue,
there is nothing to say


Hace tiempo que una película no me conmovía tanto como esta historia nacida de la mente y el alma de la directora húngara, Ildikó Enyedi. Espero que ello se trasluzca en mis palabras. Sobre todo, me gustó descubrir los numerosos pliegues que esconden ambos personajes, a los que accedemos sólo como espectadores. Nos convertimos en testigos de sus miedos, sus carencias, sus inseguridades y de los denodados esfuerzos de ambos para animarse a estar juntos también en el plano corporal. Considero a esta película como una obra maestra que vería una y mil veces.
Begged him to stay in my cold wooden grip
Begged him to stay by the light of this ship
Me fighting him, fighting light, fighting dawn
                                          ("What he wrote", Laura Marling)

                       

28 de marzo de 2018

Los hombres que no amaban a las mujeres (2005) (Millenium 1), de Stieg Larsson

Män som hatar kvinnor
Editorial Destino, 2017
665 páginas
"Todas las personas ocultan secretos. Sólo es cuestión de averiguar cuáles son"

Después de un tiempo de obligado silencio, vuelvo a este pequeño rincón para escribir acerca de la última novela que he leído hasta el momento. Si hay algo que tengo claro es que no suelo leer libros de la lista de best-sellers y, menos aún, si estos son parte de alguna saga. Sin embargo, con esta novela hice una ligera excepción y emprendí una lectura casi obsesiva, que me mantuvo en vilo durante tres días. Debo advertirles, además, que los thrillers policiales no suelen ser mi primera elección a la hora de leer un libro o mirar una película. Por lo tanto, mis apreciaciones son las de una lectora "no aficionada" al policial negro, que espera no herir susceptibilidades con sus apreciaciones. 

En primer lugar, quisiera comentarles por qué, a pesar de todos mis reparos al respecto, leí más de  seiscientas páginas de un género que no suele estar entre mis predilectos. Todo compezó con la búsqueda de una novela policial que lograra captar la atención de lectores de diecisiete años. Como ya se habrán dado cuenta, en el margen derecho de la página comento que soy docente. Apenas comencé con mi itinerario, se me cruzó por la mente este libro, cargado de misterio y temáticas tabú. Lo evalué como un posible reto para mis estudiantes, pero, luego deseché la idea porque me pareció demasiado extenso para jóvenes que no tienen un hábito de lectura constante. Sin embargo, cuando quise darme cuenta, yo misma estaba interesada en los personajes y sus historias. Quería saber qué hacía de este libro un suceso editorial, con críticas extremadamente buenas y malas al mismo tiempo, así que decidí sacar mis propias conclusiones.

Henrik Vanger junto al retrato de Harriet
La historia se desarrolla en la Suecia de finales del siglo XX y tiene como protagonistas a Mikael Blomkvist y Lizbeth Salander, dos seres algo dispares que deberán resolver juntos un caso que data de hace más de treinta años. Se trata de la desaparición de Harriet Vanger, una de las herederas de la familia Vanger, el grupo industrial más poderoso del país durante los años sesenta. La desaparición de la joven está rodeada de un aura de profundo misterio que involucra a parte de sus parientes más cercanos y se remonta al pasado del imperio familiar, sobre todo, sus oscuros lazos con el nazismo. El ex director del grupo y tío de Harriet, Henrik Vanger, ha cargado con el peso de esa ausencia toda su vida y desea que alguien realice una última investigación del caso, revise las pistas de nuevo y le ofrezca una luz que le permita vislumbrar qué pasó con su sobrina predilecta. El elegido para esa tarea será el periodista Mikael Blomkvist, quien en ese momento pasa por un difícil trance como editor de la revista Millenium y decide retirarse por un tiempo de la vida pública para evitar el asedio mediático. La propuesta de Vanger le parece inverosímil, pero, la acepta debido al jugoso contrato que el ex-empresario le ofrece y a cierta información confidencial que obtendrá a cambio de su trabajo. 


Noomi Rapace como Lisbeth Salander en la versión
cinematográfica del año 2009
Antes de contratarlo, sin embargo, encarga a la empresa Milton Security una profunda investigación de su vida personal y laboral. Dicho trabajo es asignado a la mejor investigadora de la firma, Lisbeth Salander. Aquí es cuando hace su entrada el personaje que, a mi criterio, hace que esta novela valga la pena. Lisbeth es una mujer de una inteligencia y unas habilidades detectivescas excepcionales, que busca vivir en el anonimato absoluto. Posee una apariencia exterior dura, desenfadada y masculina, pero, a medida que nos adentramos en su forma de vida nos damos cuenta de que es un ser vulnerable y que su aspecto no es más que un recurso de defensa contra la discriminación y las vejaciones a las que la someten las fuerzas del orden y las instituciones estatales. El cruce con Mikael Blomkvist, primero como investigadora de su vida y después como colaboradora en el caso de Harriet, hará que sus principios de autodefensa entren en crisis y empiece a preguntarse si puede confiar en él. Sin lugar a dudas, este personaje tiene muchas aristas que apenas alcanzamos a vislumbrar en esta primera entrega, pero, que son abordadas con mayor profundidad en la segunda parte de la saga.


Stieg
Stieg Larsson (1954-2004) fue un periodista y escritor sueco, cuyo reconocimiento internacional llegó tras la publicación póstuma de la trilogía Millenium. En el transcurso de su vida se destacó por su militancia en contra del racismo y la ultraderecha en fundaciones y revistas dedicadas a denunciar las tendencias nazis. Desde este punto de vista, Blomkvist puede ser considerado un alter ego del propio autor, que hace de él un periodista comprometido con las causas sociales y capaz de enfrentarse a los poderes económicos. Considero que la novela tiene un manejo excelente del suspenso y no resulta predecible; sus puntos más débiles quizás sean un inicio plagado de terminología económica y jurídica, así como una voz narrativa que por momentos direcciona demasiado la interpretación. Las obras que completan la trilogía son: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina (2006) y La reina del palacio de las corrientes de aire (2009). Considero que esta saga ofrece una buena oportunidad para disfrutar del policial, incluso a aquellos que no somos habitúes del género. 

23 de febrero de 2018

En un día de lluvia...

Afuera llueve, cae pesadamente el agua
que las gentes esquivan bajo abiertos paraguas.
Al verlos enfilados, se acaba mi sosiego
me pesan las paredes y me seduce el riego.
("Tentación", Alfonsina Storni)

Hoy llueve, es esa clase de lluvia de gotas diminutas, que mojan mucho sin querer. Recordé estos versos de Alfonsina Storni y no puede evitar la tentación de caminar bajo la lluvia yo también. Del lugar donde trabajo hasta mi casa hay un largo trecho y decidí hacerlo a pie. No me importó mojarme ni tener que limpiar mis lentes más de una vez, como si del parabrisas de un auto se tratara. En mi recorrido, me encontré con las calles vacías y un silencio húmedo; y tuve lástima de los pocos autos que pasaban y de quienes permanecían encerrados en sus casas con las persianas cerradas ¿Es que acaso hay algo más emocionante que sentir el cabello iluminado por cientos de gotas de agua? Me gusta la sensación de descuido e impredecibilidad (¿existe esa palabra?) que le aportan a mi vida ocasiones como esta, también, me gustan los sentimientos de nostalgia y desamparo que despiertan en mí los días de lluvia. En el confín del hemisferio sur, el verano suele regalarnos anticipos del otoño que algunos recibimos con agradecimiento y una sonrisa.

Al llegar a mi casa, y mientras escribo esta entrada (que aún no sé muy bien de qué va), pienso en esas cosas que uno hace en un día como este y en todos esos libros, películas y canciones que se disfrutan más cuando está lloviendo. Incluso en aquellos que no pueden ser apreciados si afuera no está lloviendo, como si la lluvia fuera la condición obligada que su autor previó como una extensión necesaria de su propia creación. A veces pienso que algunos libros, películas y álbumes musicales deberían contener la advertencia "No intente leer, ver o escuchar a no ser que afuera llueva" o "Prohibido su uso en días de Sol". En fin, creo que sería interesante que alguien nos advirtiera que, en algunas ocasiones, una buena experiencia de lectura (en toda la magnitud de la frase) sólo se consigue con el tintinear de la lluvia sobre el cielo raso. Este es, a mi parecer, el caso de algunas de las obras que enumero a continuación. Son las primeras que se me vienen a la memoria.


La primera es la película The Piano (1993), escrita y dirigida por Jane Campion, y protagonizada por las ganadoras del Oscar: Holly Hunter y Anna Paquin. La historia se desarrolla a mediados del siglo XIX y recorre un tramo de la vida de una pianista muda (Ada) y su pequeña hija (Flora), quienes viajan hacia Nueva Zelanda para cumplir con un matrimonio concertado entre la madre y un pequeño hacendado inglés. Como espectadores podemos prever los inconvenientes que traerá aparejado un matrimonio sin amor. Sin embargo, eso queda en segundo plano. Lo que de verdad genera el malestar de Ada es la contundente negativa de su marido a trasladar su piano, el cual queda sometido a las inclemencias del tiempo a orillas del mar, golpeado por el vaivén de las olas. Son memorables las estrategias de las que se vale la protagonista para ir al encuentro de su piano, como si de un amante se tratara. En esta escena que comparto con ustedes, vemos el primer reencuentro, del que participa (como observador) un vecino conocedor del lugar, cuyo papel se verá acrecentado por el amor incondicional de Ada hacia su piano. La banda sonora y la preciosa fotografía son una razón más para disfrutar de esta maravillosa película.

La segunda obra que mencionaré es la novela Cumbres Borrascosas (1847), de Emily Brontë. En ella, conocemos los amores contrariados entre Heathcliff y Catherine Earnshaw, desde su infancia hasta su adultez. Aún me sigue admirando la complejidad de la novela y de su héroe, dadas las circunstancias desfavorecedoras en las que Emily la escribió: contaba con una educación centrada en los preceptos morales y religiosos de la época; su enfermedad y el aislamiento en la casa parroquial. A pesar de todo, fue capaz de crear a un personaje movido por el amor y la maldad en partes iguales, al que logramos apreciar y aborrecer al mismo tiempo. Se trata de una de las muestras más memorables de la novela gótica del siglo XIX y de una historia de amor que trasciende la muerte. Junto a Jane Eyre (1847), otra buena opción para una tarde de lluvia, son novelas que considero fundamental leer en algún momento de la vida.

La tercera, emergiendo por fin del siglo XIX y volviendo a la contemporaneidad, es el segundo álbum en la carrera musical de Charlotte Gainsbourg, 5:55 (2006). Guardo un especial cariño por este álbum, ya que fue el que me permitió conocerla. Su música es una  genial combinación entre la chanson francesa y la música electrónica (con Air y Beck como sus principales influencias). Las canciones y la voz de Charlotte tienen el poder de transportarme a las madrugadas de insomnio; a los cafés parisinos viciados por el humo del cigarrillo; al mar durante el frío del invierno; a una tarde de lluvia. Aquí una pequeña muestra de estas sensaciones:


Gracias por acompañarme en mis desvaríos durante una tarde de lluvia, con la melodía de "Everithing I cannot see" inundando mi casa, pondré a calentar el agua, luego me prepararé una reconfortante taza de té, volveré a caminar entre páramos y a espiar por las ventanas del castillo de Heathcliff...



18 de febrero de 2018

Amor no correspondido (1961), de Barbara Pym

Not fond return of love
Gatopardo Ediciones, año 2017

"A menudo las mujeres eran capaces de organizar cosas que los hombres creerían imposibles."


Sin ánimos de apresurarme, puedo afirmar que mi recorrido literario por el siglo XX ya me ha ofrecido uno de los mayores regalos del año: conocer a Barbara Pym. Me declaro una total admiradora de su manera de contar y de sus personajes femeninos. Las mujeres creadas por Pym transforman las actividades del trajín diario en momentos que merecen ser vividos y apreciados en su sencillez. Un gesto, una flor, una carta no enviada, un silencio pueden cambiar el rumbo de una existencia. Sus historias están situadas en la Inglaterra de posguerra, donde puede apreciarse un cambio de época: las mujeres salen a la calle a estudiar y trabajar, visten de forma más práctica y entablan múltiples relaciones. Se respiran nuevos aires y ellas son conscientes de eso.

Amor no correspondido (1961) tiene como protagonista a Dulcie Mainwaring, una mujer que destaca por su generosidad y su ayuda desinteresada a todo aquel que la necesite, lo que muchas veces provoca que la gente abuse de su bondad. En el inicio de la novela, Dulcie se encuentra en un congreso de editores, al cual ha decidido concurrir después de que su novio rompiera su compromiso porque "no se consideraba digno de su amor". En ese evento, se encontrará con personajes que adquirirán mucha importancia a lo largo de la historia. El primero de ellos es Viola Dace, quien se hospeda en la habitación de al lado y se dedica a la confección de índices, al igual que nuestra "heroína". Frente a ella, Dulcie se siente apocada y pueblerina, parecen no tener ningún interés en común hasta la aparición del carismático Alwin Forbes. Alrededor de su figura, la protagonista y Viola sellarán su extraña amistad, cuyo mutuo interés estará dirigido a "cuidar" de ese enigmático galán. 


"Cuando le llegó el programa del congreso, lo vio justo como el tipo de actividad recomendable para mujeres en su situación: una oportunidad de conocer gente nueva y entretenerse con la observación de vidas ajenas"

El sujeto que capta todas las miradas es un hombre maduro, muy apuesto y seductor al parecer, que se encuentra atravesando el duelo tras el rompimiento de su matrimonio. Según nos pone al corriente Viola - es una testigo directa del hecho - la separación habría tenido lugar tras un engaño amoroso cometido por el propio Alwin. Dulcie queda encantada con su erudición y las citas literarias que incluye de forma permanente en sus conversaciones, pero, sobre todo la atrae su exquisita fragilidad. De modo que la atracción que, al principio, le parecía solo un enamoramiento fugaz se transforma en el interés central de su vida. Con el correr de los capítulos, veremos cómo la protagonista y su amiga se dedicarán a investigar el entorno familiar de Alwin, a merodear por su casa y la zona que este suele frecuentar. Dulcie ha hecho de Forbes el hombre de sus sueños y ahora, como si de una Madame Bobary del siglo XX se tratara, intenta que las piezas de ese hombre ficcional coincidan con el real. Casi sin querer, irá tejiendo una suerte de red que la hará desplazarse del lugar de mera observadora de esa vida para volverse parte de ella.
La parada 61 en mi viaje
por el siglo XX



"Dulcie, cuando vio desde la ventana cómo se detenía el taxi, bajaba Aylwin de él y le daba al taxista lo que parecía una propina demasiado generosa, pensó: ¡qué maravilloso sería que viniese a verla a ella! El corazón no pudo por menos de darle un vuelco ante la inesperada imagen de él acercándose a la puerta. ¿Quién saldría corriendo a recibirlo, para reunirse con su corazón?"





Barbara
Barbara Pym (1913-1980) es una novelista inglesa, cuya obra se destaca por hacer foco sobre las "vidas pequeñas" de la clase media, el uso sutil de la ironía y un exquisito humor. Esta novela puede definirse como una comedia de enredos, por la que desfilan mujeres aburridas de la rutina; jóvenes que disfrutan de las libertades ganadas; esposas desencantadas; y galanes con problemas de conciencia. La voz narrativa nos ofrece, además, el punto de vista en contrapunto de una gama variada de personajes. De modo que podremos observar diversos momentos de la historia a través de diferentes miradas. Creo que el personaje de Dulcie, en particular, está muy bien logrado. No tenía muchas expectativas puestas en ella, sin embargo, logra ganarse de a poco su lugar como heroína. Las reminiscencias con las mujeres creadas por Austen son inevitables.









11 de febrero de 2018

Fahrenheit 451 (1953) , de Ray Bradbury

Editorial Debolsillo, 2015
176 páginas

"La temperatura a la que el papel de los libros se inflama y arde"


La lectura de Fahrenheit 451 nos transporta a un futuro en el que los libros son enemigos del sistema y, como tales, son combatidos. La historia se desarrolla en un futuro indeterminado y en una ciudad incierta donde, algo es seguro, las leyes del capitalismo han triunfado. Los ciudadanos son descritos como seres individualistas y taciturnos, cuya única preocupación es ganar el dinero suficiente para adquirir productos tecnológicos que les faciliten la vida; pero, sobre todo, les permitan aparentar un mayor status frente a otras personas. El contacto con otros  seres se ha perdido, un individuo corriente suele pasar la mayor parte de su vida mirando televisión, en pantallas del tamaño de una pared, o  dormido por obra de píldoras. Tareas tan naturales como salir a caminar, conversar con alguien, leer un libro o mirar al cielo se han perdido. Incluso, algunas de ellas son penadas con la cárcel o con una estancia en el hospital psiquiátrico.

En medio de esta sociedad muda y taciturna, el narrador nos presenta a Montang, quien en el transcurso del libro comenzará a preguntarse si las cosas eran igual en el pasado o si acaso es posible vivir de otra manera. Montang es un hombre maduro, está casado con una mujer llamada Mildred y trabaja como bombero. Sin embargo, en este mundo del futuro la labor de un bombero ya no consiste en apagar incendios sino en provocarlos y sus presas principales son los libros. Cabría preguntarse por qué en el futuro los libros son considerados objetos perturbadores y peligrosos, pero, todos aquellos que somos lectores sabemos de su poder disruptivo, capaz de: movilizar las ideas preestablecidas, hacernos vivir otras vidas, imaginarnos otros, conocer el pasado y construir ideas cada vez más complejas. Por todo ello, no es extraño que los libros sean amenazas para el orden vigente. En este sentido, los bomberos se convierten en "los guardianes de la paz y el orden" y cumplen una tarea indispensable: cazar libros y evitar que los ciudadanos lean (¿piensen, recuerden, conozcan, sepan, cuestionen?). 

"Con su casco simbólico en que aparecía grabado el número 451 bien plantado sobre su impasible cabeza y sus ojos convertidos en una llama anaranjada ante el pensamiento de lo que iba a ocurrir, encendió el deflagador y la casa quedó rodeada por un fuego devorador (...) El hombre avanzó entre un enjambre de luciérnagas (...) en tanto que los libros, semejantes a palomas aleteantes, morían en el porche y el jardín de la casa; en tanto que los libros se elevaban convertidos en torbellinos incandescentes y eran aventados por un aire que el incendio ennegrecía." (2015:13)

La insatisfacción de Montang con su vida y su trabajo no surge de un día para el otro, sino que va en ascenso hasta transformarse en una decisión real de cambio. El detonante de sus dudas es su vecina de dieciséis años, Clarisse McClellan, con quien mantiene enigmáticas charlas de camino a su casa después del trabajo. A Clarisse le gusta: caminar bajo la lluvia; deambular a altas horas de la noche por las calles desiertas; conversar con su tío acerca del pasado; mirar las nervaduras de las hojas de los arboles; llorar de vez en cuando; hacer preguntas indiscretas a desconocidos: ¿es usted feliz? ¿está enamorado? A Clarisse no le gusta: cumplir su cita con el psicólogo, al que asiste por un pedido expreso de la escuela. Su joven vecina le descubre un mundo lleno de posibilidades y genera en Montang las ganas, hasta ahora reprimidas, de abrir un libro y leerlo. Nada será igual a partir de ese momento, su apacible vida cambiará de la noche a la mañana y el personaje tendrá que probar que está preparado para asumir su nueva realidad.


Montang y Clarisse según la versión
cinematográfica de 1966.

"Usted no es como los demás. He visto a unos cuantos. Lo sé. Cuando hablo, usted me mira. Anoche, cuando dije algo sobre la luna, usted la miró. Los otros nunca harían eso. Los otros se alejarían, dejándome con la palabra en la boca. O me amenazarían. Nadie tiene ya tiempo para nadie. Usted es uno de los pocos que congenian conmigo. Por eso pienso que es tan extraño que usted sea bombero. Porque la verdad es que no parece un trabajo indicado para usted." (2015:33)


"Montang se vio en los ojos de ella, suspendido en dos brillantes gotas de agua, oscuro y diminuto, pero con mucho detalle; las líneas alrededor de su boca, todo en su sitio, como si los ojos de la muchacha fuesen dos milagrosos pedacitos de ámbar violeta que pudiesen capturarle y conservarle intacto." (2015:17)



Ray
Ray Bradbury (1920-2012) es un escritor estadounidense, considerado un maestro del relato fantástico y de ciencia ficción. En su obra, se hace evidente su preocupación por el avance de los valores capitalistas, la alienación del ser humano y la automatización de la vida. En sus novelas y cuentos apreciamos como las personas se han convertido en productos en serie, que hacen, creen y piensan lo mismo; en tanto que relegan todo aquello que los hace especiales y únicos (sus sentimientos, su vocación, sus pasatiempos). Algo que me encanta de este escritor es su estilo, sumamente poético. Su prosa está llena de metáforas e imágenes sensoriales. En fin, tan solo me resta animarl@s a que le den una oportunidad a esta increíble historia, que dialoga de forma directa con nuestro presente. Me sigue admirando el poder premonitorio de las obras de ciencia ficción.



7 de febrero de 2018

Mis desafíos lectores 2018

No quiero dejar pasar febrero sin antes comentarles los retos lectores que emprenderé en el transcurso de este año. Me enfocaré, sobre todo, en que estos me ayuden a organizar las lecturas que tengo pendientes hace tiempo.  Para comenzar, me propongo avanzar en el reto A century of books, el cual inicié a fines del año pasado. Este implica realizar un recorrido por todo el siglo XX, a través de libros que hayan sido editados en el transcurso de 1900 a 1999. Considero que esto implica todo un desafío para mí, porque últimamente suelo inclinarme a lecturas del siglo XIX y no encuentro el momento preciso para leer a autores tan imprescindibles como: Scott Fitzgerald, Katherine Mansfield, Carlos Fuentes, Roberto Bolaño, Willa Cather, entre tantos otros y otras. 

Un viaje por el siglo XX
Hace unos meses atrás inicié la elaboración de mi lista de libros y autores representativos. Pueden observar mi selección haciendo un click sobre la imagen. En ese apartado, además, encontrarán mayor información acerca del desafío. Como podrán observar, mi lista está incompleta aún, dado que no he tenido el tiempo de sentarme a averiguar el año exacto de publicación de ciertos libros que me gustaría leer, ya que una de las "restricciones" es que las fechas de edición no se superpongan. Como verán, exige bastante tiempo de preparación extra, por lo que no me pongo un plazo exacto para terminarlo. Pero, espero poder avanzar, al menos, hasta 1950 este año. Desde ya, escucho cualquier recomendación que gusten darme, tengan en cuenta que el reto incluye cualquier género literario, no necesariamente debe tratarse de novelas (aunque mi lista diga lo contrario).


Leo Clásicos

El segundo desafío de este año es la lectura de Clásicos, propuesto por el blog Fantasía Mágica. Como ya deben imaginarse, este consiste en la lectura de libros clásicos (esos que perduran a través del tiempo). Para elaborar mi lista, incluí libros editados desde el siglo XIX para atrás y tomé como referencia libros que están en mi biblioteca y aún no he tocado ;( Lo positivo de este reto es que la cantidad de libros queda a nuestro criterio, así como los títulos que elegiremos. En fin, l@s invito a darle un vistazo a mi lista de clásicos:
1. Shirley (1849), de Charlotte Bronte
2. El retrato de Dorian Grey (1890), de Oscar Wilde (novela)
3. Crimen y castigo (1866), de Fedor Dostoievsky (novela)
4. Ismaelillo (1882), José Martí (poesía)
5. Drácula (1897), de Stoker (novela)
6. La inquilina de Widefell Hall (1848), de Anne Bronte (novela)
7. Filosofía de tocador (1795), del Marquéz de Sade
8. La herencia de Ezter (1878), de Sándor Márai (novela)
9. La tempestad (1623), William Shakespeare (teatro)
10. Ifigenia en Áulide, de Eurípides (tragedia)
11. La Orestíada, de Esquilo (tragedia)
12. Naná (1880), de Emile Zola
13. Decamerón (1353), de Giovanni Bocaccio
14. David Copperfield (1850), de Charles Dickens
15. La leyenda del jinete sin cabeza (1820), de Washington Irving
16. La dama de blanco (1859), de Wilkie Collins
17. Daniel Deronda (1876), de George Elliot
18. Recuerdos de provincia (1850), de Domingo Faustino Sarmiento
19. Los empeños de una casa (1683), de Sor Juana Inés de la Cruz (teatro)
20. Las Bucólicas (41 y 37 a. de Cristo), de Virgilio (poesía)

Otra vez, el siglo XIX se impone en mis preferencias. Pero, estoy bastante conforme con todos los autores elegidos, ya que a la mayoría los leeré por primera vez gracias a este reto. Cruzo los dedos para tener grandes experiencias de lectura durante este año. Les deseo lo mismo. A medida que vaya leyendo, publicaré las reseñas de los libros que haya disfrutado más. Un, dos, tres...a leer!

1 de febrero de 2018

Un cuarto propio (1929), de Virginia Woolf

Comparto con ustedes la hermosa  y dedicada
edición de la Editorial Lumen del año 2014, con la

traducción de Jorge Luis Borges.

Hace tiempo que tengo ganas de recomendarles un libro de Virginia Woolf y creo que ha llegado el momento oportuno, ya que el 25 de enero pasado se cumplió el 136 aniversario de su nacimiento. Desde el principio, cuando apenas fantaseaba con la idea de escribir esta reseña, tenía claro que el libro elegido sería Un cuarto propio (1929). Se trata de un extenso ensayo sobre "Las mujeres y la novela", que la autora escribió en ocasión de una conferencia que ofreció acerca de esta temática. Como bien podrán percibir el tema propuesto es bastante amplio y admite múltiples abordajes: las mujeres que escriben novelas, los personajes femeninos en las novelas, en qué se diferencia la "escritura femenina" de la "masculina", por ejemplo. En una lección magistral de escritura, Virginia los aborda a todos y realiza, además, un análisis del lugar marginal de la mujer en el campo literario y la vida social, mediante una investigación de las causas históricas e ideológicas de este relegamiento.

En el inicio del primer capítulo, son seis en total, la autora plantea la tesis que defenderá en el transcurso de su escrito: "Para escribir novelas, una mujer debe tener dinero y un cuarto propio". Frase que con el correr de los años no ha perdido un ápice de verdad y se ha extendido incluso a otros ámbitos: ¿qué sería de una historiadora, una periodista, una científica, una pintora o una cineasta sin un cuarto propio y algo de dinero que le ofrecieran la libertad y el respaldo para dedicarse a hacer lo que les gusta? Es cierto que las mujeres ocupan aún pocos anaqueles en la biblioteca, señala la autora, pero eso no tiene que ver con la falta de capacidad sino con fundamentos sociales y culturales muy enraizados. Entre las principales causas de la escasez de producción femenina en el ámbito literario (¿por qué la literatura inglesa no cuenta con referentes femeninos antes del siglo XVIII, por ejemplo?), Virginia señala la educación deficiente; la carencia de tiempo creativo y de un espacio propio; la opinión pública en contra y los preceptos morales a cumplir; la falta de una tradición literaria femenina desde la cual partir y elevarse. 

Las ilustraciones de Becca Stadtlander engalanan
la tapa y anteceden el inicio de cada capítulo.

"Lo deplorable, continué, volviendo a investigar los estantes, es que nada se sepa de las mujeres antes del siglo XVIII. Aquí estoy preguntándome por qué las mujeres no hicieron versos en la época isabelina, y ni siquiera sé si las educaban; si les enseñaban a escribir; si tenían sus salas propias; cuántas mujeres tenían hijos antes de los veintiún años; qué hacían desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la noche. Es evidente que no tenían dinero." (2014:68)



Creo que esta es mi habitación preferida.


"Cada vez que una lee de una bruja tirada al agua, de una mujer poseída por los demonios, de una curandera vendiendo hierbas y aun de la madre de un hombre célebre pienso que estamos en la pista de una novelista, un poeta abortado, o una Jane Austen muda y sin gloria, una Emily Bronte rompiéndose los sesos en el páramo o recorriendo con desolación los caminos, trastornada por la tortura de su genio. Me atrevo a adivinar que Anónimo, que escribió tantos poemas sin firmarlos, era a menudo una mujer." (2014:71) 


Resulta muy interesante el rastreo bibliográfico que realiza la autora sobre las mujeres escritoras que antecedieron a las grandes novelistas, quienes no solo les heredaron un modelo desde el cual partir (un estilo, un registro, una descripción) sino también les dieron la confianza necesaria para que se animaran a desoír los preceptos establecidos y escribieran. No pude dejar de conmoverme ante la alegría que demuestra la autora cuando logra dar con los textos de una poetisa oculta y olvidada, por lo general, damas de la nobleza que desafiaban a sus padres o a sus maridos en la reclusión de su cuarto y que pocas veces se animaban a mostrar lo que escribían a algún allegado. La situación no cambió mucho durante el siglo XIX, junto a Virginia observamos cómo Jane Austen se las ingeniaba para escribir en la sala común y escondía sus escritos cuando llegaban las visitas; cómo las hermanas Bronte ocultaban su genio tras seudónimos masculinos. La autora concluye que la novela termina siendo el género predilecto de las escritoras porque requiere menos tiempo y concentración que un soneto, por ejemplo. Con el correr de los años, imagina la autora, los temas autobiográficos y los pasajes de reclamo y autoafirmación de estas primeras novelas, cederán a favor de obras más sólidas y autosuficientes, porque las mujeres tendrán la libertad de espíritu, el dinero, el tiempo, un cuarto propio y ya no envidiarán la suerte de los hombres.

Virginia
Virginia Woolf (1882-1941) es una reconocida escritora inglesa y una activista incansable por los derechos de las mujeres. No solo aboga por el derecho al sufragio sino también por el mismo nivel de participación de la mujer en la esfera pública, a través del acceso al estudio y al trabajo. En el ámbito literario, destaca como una de las principales exponentes de la experimentación literaria a mediados del siglo XX, con un empleo exquisito de técnicas tales como el montaje, el monólogo interior y el fluir de la conciencia. Dentro de su vasta obra me gustan y recomiendo la lectura de sus novelas Al faro (1927), Orlando (1928), Los años (1937), La señora Dalloway (1925) y Las olas (1931), en la cual se hace especialmente patente la experimentación técnica de la que hablaba. Por supuesto, l@s animo a darle un oportunidad a este ensayo imprescindible y a disfrutar de la calidad de su escritura.