7 de octubre de 2018

Autoras descubiertas (y por descubrir)

En en el transcurso de estos meses tuve la fortuna de descubrir verdaderas joyas literarias, de la mano de una serie de escritoras que me revelaron refrescantes mundos ficcionales. En esta reseña, no incluiré a la canadiense Margaret Atwood, a quien llevaba tiempo queriendo leer y le dediqué una extensa publicación hace unos días. En cambio, me gustaría dedicarle unas líneas a las autoras con las que me topé casi por azar, sin ninguna referencia previa. Todas ellas son inglesas y comparten el hecho de haber sido poco reconocidas o tardíamente valoradas:                                                                                              


En este libro, Vera Brittain (izq.) 
relata detalles de su amistad
con Winifred Holtby (der.)
Winifred Holtby : feminismo y pacifismo

Mi encuentro con esta escritora se produjo, en primer lugar, gracias a la película  Testamento de juventud (2014), una cinta biográfica basada en el libro homónimo de Vera Brittain, íntima amiga de Winifred Holtby y principal responsable de que su obra más reconocida viera la luz. Las dos formaron parte de la generación de mujeres sobrevivientes de la Gran Guerra. En medio de un clima xenófobo y belicista, ambas escritoras trabajaron para concientizar sobre los estragos que producen los enfrentamientos armados -Brittain había sufrido la pérdida de su hermano de diecinueve años y de su futuro marido, Roland Leighton (soldado y poeta)- y lucharon activamente por los derechos de la mujer a la educación y el trabajo.  

South Riding (1936) fue la última novela escrita por Winifred Holtby y publicada de manera póstuma por su amiga. En particular, me gustan las historias corales y costumbristas al modo de Cranford (1873), de Elizabeth Gaskell. Por eso, no dudé en adentrarme en esta novela que ofrece un conjunto variopinto de personajes, que ven cómo el fin de siglo se lleva consigo las antiguas costumbres y tradiciones para dar paso a los avances técnicos y los cambios sociales. Hay dos personajes que simbolizan el choque entre ambas épocas. Por un lado, Robert Carne, último bastión de una gloriosa familia de hacendados venida a menos y padre de una hija fruto de una relación tormentosa. Por otro, Sarah Burton, una maestra idealista que regresa  para asumir la dirección de la única escuela para señoritas del pueblo. Los cruces entre ambos personajes serán inevitables, sin embargo, no debemos esperar un desenlace feliz ni conciliador. Entiendo que para Holtby sus personajes (personalidad, manera de actuar, apariencia) son símbolos de una época y no espera sacrificarlos en pos de un romance que terminaría siendo inverosímil.


La otra Elízabeth Taylor
Elízabeth Taylor: narradora del siglo XX


Leyendo acerca de Elízabeth Taylor, la novelista, entendí que una de las constantes de su carrera literaria fue el hecho de pasar desapercibida. Su nombre, paradójicamente, no la ayudó demasiado. En los últimos años, sin embargo, la crítica revaloriza su obra y la erige a la altura de reconocidas escritoras como Barbara Pym y Elizabeth Bowen. Ojalá que ese reconocimiento se traslade,también, a los lectores.

Por mi parte, desde que leí la sinopsis de  La señorita Dashwood (1946) supe que me gustaría. Se trata de una novela con la atmósfera de Jane Eyre (1847), pero, con el punto de vista de una protagonista de mediados del siglo XX. La narración sigue los avatares en la vida de Cassandra, quien tras la muerte de su padre debe abandonar su casa y convertirse en institutriz de una niña misteriosa y taciturna. A diferencia de Jane, la joven cuenta con cuantiosas referencias literarias y crea en torno a su patrón un mundo de ensoñaciones que difícilmente éste pueda cumplir.


"Incluso antes de verle o de hablar con él, Cassandra había decidido amarle, como una institutriz en una novela. Conocerle simplemente había confirmado su intención, había hecho posibles sus esperanzas"

Tal y como lo adivinó, su patrón es un viudo taciturno y huraño, con una predilección particular por la literatura griega. Sin embargo, no cuenta con que la mansión  también albergue a una serie de personajes que viven a  costa del dueño sin que a él parezca importarle: su sombrío hermano Tom, quien vive atormentado por un secreto del pasado; su prima Margaret, caprichosa y metiche; la tía Tinty, internada en un mundo que solo encuentra sentido en las películas; Nanny, su celosa ama de llaves. La mansión de Marion Vanbrugh es una casona en ruinas, que guarda secretos a voces acerca de su antigua dueña y señora. Todos los habitantes hacen lo posible por guardar viva su memoria y parecen estar complotados en contra de la nueva institutriz y la posibilidad cierta de un romance. En más de una ocasión, tenemos dudas de que las ensoñaciones de Cassandra tengan algún fundamento - el señor Vanbrugh no parece estar a su altura - y no lo sabremos sino hasta el final, cuando deba demostrarlo.

Esta entrada, como me lo temía, terminó haciéndose muy extensa. Aún tengo en el tintero a dos gratos descubrimientos, a quienes dedicaré una próxima reseña. Hablo de Barbara Comyns y Anita Brookner, quienes me regalaron entretenidas noches de lectura y me sacaron más de una carcajada.