16 de septiembre de 2018

El cuento de la criada (1985), de Margaret Atwood


"Lo normal, decía Tía Lydia, es aquello a lo que te acostumbras. Tal vez ahora no os parezca normal, pero al cabo de un tiempo os acostumbraréis. Y se convertirá en algo normal."

Esta inquietante novela nos sumerge en la vida de Defred, una mujer desprovista de nombre (el que lleva solo la identifica como la criada de un hombre influyente, literalmente: de Fred) y que tampoco posee la libertad de elegir sobre su propio cuerpo. La historia es un relato testimonial, a través del cual la protagonista busca poner en palabras el horror que padece por el solo hecho de pertenecer al género femenino. Con ello, busca servir de advertencia a las mujeres del futuro (a las que imagina libres), para que no olviden y no permitan que vuelva a suceder. Sin embargo, mediante ese maravilloso juego de resonancias que es la ciencia ficción, las lectoras (reales) del presente leemos entre líneas y reconocemos en nuestra sociedad algunos de los indicios que serían capaces de desencadenar una catástrofe similar a la que vive la protagonista. La autora, también, busca alertarnos.

La historia de Defred se desarrolla en la República de Gilead, ubicada en el antiguo Estados Unidos. Se trata de un lugar en el predomina un sistema teocrático dominado por la voluntad de un grupo de hombres, quienes revisten sus arbitrariedades bajo un halo de religiosidad. La fortaleza del sistema se asienta en el desconocimiento de los derechos de las mujeres, quienes quedan reducidas a su sola corporalidad y la capacidad de engendrar y parir a los hijos que ayudarán a perpetuar el sistema. De esta manera, el poseer esta capacidad reproductiva o no les asigna un lugar dentro la estricta jerarquía de cuerpos femeninos: las Esposas gozan de la seguridad de tener un marido influyente, aunque en su mayoría padecen de esterilidad; las Econoesposas están casadas con hombres pobres y deben cumplir con todas las tareas asignadas a las esposas del pasado; las Martas son mujeres en edad no reproductiva, que tienen la misión de "adiestrar" a quienes cargarán con esa responsabilidad; las Criadas son los cuerpos encargados de engendrar los hijos; las No mujeres, en tanto, son aquellas que han sido desterradas  a Colonias por negarse a cumplir con la función natural encomendada.

"Todos los meses espero la sangre con temor, porque si aparece representa un fracaso. Otra vez he fracasado en el intento de satisfacer las expectativas de los demás, que han acabado por convertirse en las mías"

Los trajes simbolizan la función de cada mujer
en la sociedad.  
La autoridad se las ingenia, además, para que ninguna mujer se atreva a olvidar su rol en ningún momento de la vida diaria. Por eso, cada una viste el traje correspondiente a su función: las Esposas van de azul, las Martas de estricto marrón y las Criadas de rojo sangre. Resulta impresionante que, si bien estamos frente a una sociedad patriarcal, sean las propias mujeres sus principales promotoras y custodias. De hecho, sin su atenta mirada censora hacia las otras mujeres la conservación del orden sería imposible. En el prólogo, Margaret Atwood compara esta situación con el maltrato que algunas mujeres ejercen sobre otras en la vida real, por ejemplo, en las situaciones de relativo poder que les otorgan los medios de comunicación (el anonimato y la impunidad de las redes sociales, en particular).


El relato de la criada nos adentra en la cotidianidad del  grupo de las mujeres de rojo, quienes son adiestradas para olvidar su pasado (familias, amistades, antiguos trabajos, deseos) y dedicar todos sus esfuerzos en la concepción de un hijo (que no tendrán derecho a querer ni criar como tal). Las Criadas ocupan el lugar de las Esposas en  actos sexuales periódicos con sus maridos, los cuales tienen sólo un fin reproductivo y deben estar desprovistos de cualquier tipo de deseo. Esta tarea les acarrea el odio de las demás mujeres, quienes las miran con repugnancia y casi no les dirigen la palabra. En medio de esta situación de opresión absoluta, Defred está atenta a las grietas del sistema y busca descubrir el modo de burlar las normas (no solo con el pensamiento).

"Todas las paredes están cubiertas de estanterías con libros. Libros, libros y más libros perfectamente a la vista, sin llaves ni cajones. No me extraña que no nos esté permitido entrar aquí. Esto es un oasis de lo prohibido. Intento no dejar la mirada fija en ellos"

Considero a esta novela como una lectura necesaria, no solo por sus méritos literarios sino también por las temáticas tan actuales que aborda y denuncia. Al ser consultada acerca de si El cuento de la criada puede ser definida como una "novela feminista", Margaret Atwood responde lo siguiente: "Si eso quiere decir un tratado ideológico en el que todas las mujeres son ángeles y/o están victimizadas en tal medida que han perdido la capacidad de elegir moralmente, no. Si quiere decir una novela en la que las mujeres son seres humanos - con toda la variedad de personalidades y comportamientos que eso implica - y además son interesantes e importantes y lo que les ocurre es crucial para el asunto, la estructura y la trama del libro...Entonces sí" (en la Introducción de la edición 2018 de la editorial Salamandra).

P/d 1: Atwood es una intelectual muy comprometida en la defensa de los derechos de la mujer. Recientemente, ha sido una militante activa en el debate de la legalización del aborto en Argentina. Les dejo el link de un artículo periodístico si les interesa profundizar sobre el tema: "¿Un estado esclavista?"

P/d 2: Las imágenes que ilustran mi reseña fueron tomadas de la serie de televisión The Handmaid´s Tale (2017), que sólo he podido ver de manera fragmentada. Aún estoy reuniendo las fuerzas necesarias para verla...

2 comentarios:

  1. Hola, primera vez por aquí. No conocía la lectura pero en general, las obras de esta editorial no me han decepcionado. Parece una lectura distinta, fuerte e intersante. Da miedo llegar a algo así. Muy buena reseña. Nos leemos!

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    1. Hola, Andrea. Qué lindo tenerte de visita! Es una lectura bastante dura, la verdad. Pero, por otra parte, está magníficamente narrada. Es la primera de muchas novelas que espero leer de Atwood... Nos leemos!

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