1 de febrero de 2018

Un cuarto propio (1929), de Virginia Woolf

Comparto con ustedes la hermosa  y dedicada
edición de la Editorial Lumen del año 2014, con la

traducción de Jorge Luis Borges.

Hace tiempo que tengo ganas de recomendarles un libro de Virginia Woolf y creo que ha llegado el momento oportuno, ya que el 25 de enero pasado se cumplió el 136 aniversario de su nacimiento. Desde el principio, cuando apenas fantaseaba con la idea de escribir esta reseña, tenía claro que el libro elegido sería Un cuarto propio (1929). Se trata de un extenso ensayo sobre "Las mujeres y la novela", que la autora escribió en ocasión de una conferencia que ofreció acerca de esta temática. Como bien podrán percibir el tema propuesto es bastante amplio y admite múltiples abordajes: las mujeres que escriben novelas, los personajes femeninos en las novelas, en qué se diferencia la "escritura femenina" de la "masculina", por ejemplo. En una lección magistral de escritura, Virginia los aborda a todos y realiza, además, un análisis del lugar marginal de la mujer en el campo literario y la vida social, mediante una investigación de las causas históricas e ideológicas de este relegamiento.

En el inicio del primer capítulo, son seis en total, la autora plantea la tesis que defenderá en el transcurso de su escrito: "Para escribir novelas, una mujer debe tener dinero y un cuarto propio". Frase que con el correr de los años no ha perdido un ápice de verdad y se ha extendido incluso a otros ámbitos: ¿qué sería de una historiadora, una periodista, una científica, una pintora o una cineasta sin un cuarto propio y algo de dinero que le ofrecieran la libertad y el respaldo para dedicarse a hacer lo que les gusta? Es cierto que las mujeres ocupan aún pocos anaqueles en la biblioteca, señala la autora, pero eso no tiene que ver con la falta de capacidad sino con fundamentos sociales y culturales muy enraizados. Entre las principales causas de la escasez de producción femenina en el ámbito literario (¿por qué la literatura inglesa no cuenta con referentes femeninos antes del siglo XVIII, por ejemplo?), Virginia señala la educación deficiente; la carencia de tiempo creativo y de un espacio propio; la opinión pública en contra y los preceptos morales a cumplir; la falta de una tradición literaria femenina desde la cual partir y elevarse. 

Las ilustraciones de Becca Stadtlander engalanan
la tapa y anteceden el inicio de cada capítulo.

"Lo deplorable, continué, volviendo a investigar los estantes, es que nada se sepa de las mujeres antes del siglo XVIII. Aquí estoy preguntándome por qué las mujeres no hicieron versos en la época isabelina, y ni siquiera sé si las educaban; si les enseñaban a escribir; si tenían sus salas propias; cuántas mujeres tenían hijos antes de los veintiún años; qué hacían desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la noche. Es evidente que no tenían dinero." (2014:68)



Creo que esta es mi habitación preferida.


"Cada vez que una lee de una bruja tirada al agua, de una mujer poseída por los demonios, de una curandera vendiendo hierbas y aun de la madre de un hombre célebre pienso que estamos en la pista de una novelista, un poeta abortado, o una Jane Austen muda y sin gloria, una Emily Bronte rompiéndose los sesos en el páramo o recorriendo con desolación los caminos, trastornada por la tortura de su genio. Me atrevo a adivinar que Anónimo, que escribió tantos poemas sin firmarlos, era a menudo una mujer." (2014:71) 


Resulta muy interesante el rastreo bibliográfico que realiza la autora sobre las mujeres escritoras que antecedieron a las grandes novelistas, quienes no solo les heredaron un modelo desde el cual partir (un estilo, un registro, una descripción) sino también les dieron la confianza necesaria para que se animaran a desoír los preceptos establecidos y escribieran. No pude dejar de conmoverme ante la alegría que demuestra la autora cuando logra dar con los textos de una poetisa oculta y olvidada, por lo general, damas de la nobleza que desafiaban a sus padres o a sus maridos en la reclusión de su cuarto y que pocas veces se animaban a mostrar lo que escribían a algún allegado. La situación no cambió mucho durante el siglo XIX, junto a Virginia observamos cómo Jane Austen se las ingeniaba para escribir en la sala común y escondía sus escritos cuando llegaban las visitas; cómo las hermanas Bronte ocultaban su genio tras seudónimos masculinos. La autora concluye que la novela termina siendo el género predilecto de las escritoras porque requiere menos tiempo y concentración que un soneto, por ejemplo. Con el correr de los años, imagina la autora, los temas autobiográficos y los pasajes de reclamo y autoafirmación de estas primeras novelas, cederán a favor de obras más sólidas y autosuficientes, porque las mujeres tendrán la libertad de espíritu, el dinero, el tiempo, un cuarto propio y ya no envidiarán la suerte de los hombres.

Virginia
Virginia Woolf (1882-1941) es una reconocida escritora inglesa y una activista incansable por los derechos de las mujeres. No solo aboga por el derecho al sufragio sino también por el mismo nivel de participación de la mujer en la esfera pública, a través del acceso al estudio y al trabajo. En el ámbito literario, destaca como una de las principales exponentes de la experimentación literaria a mediados del siglo XX, con un empleo exquisito de técnicas tales como el montaje, el monólogo interior y el fluir de la conciencia. Dentro de su vasta obra me gustan y recomiendo la lectura de sus novelas Al faro (1927), Orlando (1928), Los años (1937), La señora Dalloway (1925) y Las olas (1931), en la cual se hace especialmente patente la experimentación técnica de la que hablaba. Por supuesto, l@s animo a darle un oportunidad a este ensayo imprescindible y a disfrutar de la calidad de su escritura.

  

6 comentarios:

  1. ¡Hola! Nunca he leído un ensayo por placer, pero como ya comenté una vez, ¡nunca es tarde! El tema me gusta, así que lo apunto para cuando me anime a leer este tipo de libros.
    Un beso desde Jardines de papel .
    ¡Nos leemos!

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    1. ¡Hola! sin temor a equivocarme, diría que esta es una buena opción para comenzar a leer un género tan complejo. Virginia Woolf tiene un gran estilo y la traducción de Borges lo exalta. Un beso, nos leemos!

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  2. ¡Menuda grata sorpresa! Le tengo unas ganas horribles a éste libro y pasarme por tu blog y descubrir que precisamente es tu última reseña... debe ser una señal :) Lo que no tengo nada claro es qué edición comprarme porque hay unas cuantas preciosas, le había echado el ojo a la de "Austral singular" pero eso ha sido antes de ver ésta con ilustraciones de distintos cuartos, una idea que me ha fascinado. Lo que me faltaba jajajaja.

    Tu reseña no hace más que reafirmar mi necesidad por leer éste ensayo. Además ya tuve la suerte de familiarizarme con la prosa de Virginia leyendo "Al faro", así que me apetece cambiar un poco el estilo y en mi caso sí que suelo disfrutar leyendo no ficción. ¡Veremos!

    Un abrazo

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    1. ¡Hola, Meg! sí, yo pensé lo mismo cuando visité tu blog hace un rato ("más que casualidad, esto debe ser una señal"). La edición de Lumen no tiene desperdicio, uno no se cansa de hojearla y reparar en nuevos detalles.

      Pienso que esta clase de textos son de lectura indispensable. La argumentación que elabora la autora es una lección de escritura en sí misma y su rastreo bibliográfico es memorable. Me encanta, además, su actualidad: todavía estamos lejos de la igualdad de oportunidades que Virginia reclama.

      Un beso, nos leemos!

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  3. Hola! Hace poco me compré este libro pero aún no he tenido la oportunidad de empezarlo. Eso sí, tu edición es más preciosa que la mía ♥ me encantan las ilustraciones

    Saludos desde Carpe Librum Seize The Book

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    1. Espero conocer pronto tus impresiones de lectura! a ver si coincidimos. Un beso, gracias por dejar tu comentario.

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