5 de julio de 2017

Orgullo y prejuicio (1813), de Jane Austen

Editorial DeBolsillo
Siento una gran responsabilidad al escribir sobre una de mis novelas y escritoras predilectas, así que no esperen mucha objetividad de mi parte. Conocí a Jane Austen en el año 2006, gracias a la maravillosa adaptación cinematográfica del 2005, que ilustra la tapa de esta edición DeBolsillo. Sin embargo, recuerdo que el primer libro que tuve la oportunidad de leer fue Sentido y Sensibilidad (1811) y desde ese momento le siguieron: el propio Orgullo y prejuicio (1813), Persuasión (1817), Mansfield Park (1814), Emma (1815) y La abadía de Northanger (1817). Casi de manera consecutiva. Ahora, mientras escribo, me observa atentamente Amor y amistad (editada póstumamente), mi última adquisición de la autora. 

La novela que hoy me ocupa es, sin lugar a dudas, la más conocida y admirada de la autora. En esta obra, en particular, Jane Austen se sirve de todos sus recursos literarios para construir una estructura narrativa redonda, a la que no le sobra ni le falta nada. A diferencia de su primera publicación, aquí nos presenta una comedia romántica, una de las primeras en su tipo. No sólo tendremos un romance asegurado entre dos personajes que se sacan chispas, sino también diálogos desopilantes y situaciones caricaturescas entre personajes tan bien caracterizados como la señora Bennet, Sir Lucas y el señor Collins, que harán escapar más de una carcajada. 
Es una verdad universalmente aceptada que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa. Sin embargo, poco se sabe de los sentimientos u opiniones de un hombre de tales condiciones cuando entra a formar parte de un vecindario. Esta verdad es tan arraigada en las mentes de algunas familias que lo rodean, que algunas le consideran de su legítima propiedad y otras de las de sus hijas.
<<Las hermanas Bennet>>
La historia central gira en torno al matrimonio Bennet y sus cinco hijas casamenteras: Jane, Elizabeth, Mary, Catherine y Lydia. Mientras que las dos hijas mayores se destacan por su sensibilidad y buen juicio, las otras tres lo hacen por su vanidad y "poco seso". La apacible vida pueblerina de la familia da un vuelco con la llegada del rico Charles Bingley, quien se encuentra próximo a cerrar un contrato para adquirir Netherfield, una propiedad cercana a la casa de la familia Bennet, para lo cual desea contar con la aprobación de su no menos acaudalado amigo, el señor Darcy. En la comitiva que lo acompaña, además, están presentes sus hermanas, Carolyne Bingley y la señora Hurst, ésta última junto a su esposo.  Lo último que Bingley y Darcy quisieran es encontrar el amor en una comunidad tan reducida y aislada, pero, la razón poco puede hacer frente a las "verdades universalmente aceptadas". 


Bingley y Darcy
En tanto Jane y el señor Bingley comparten un romance que roza la idealidad, la relación de Elizabeth y el señor Darcy está bien lejos del prototipo romántico. No será hasta el momento en que Lizzie deje de lado sus prejuicios y Darcy aprenda a dosificar su idea del deber y el orgullo, que estarán preparados para reconocer el amor que sienten a pesar de todas sus diferencias. En ese sentido, estamos frente a una novela de crecimiento y transformación personal, que da lugar a una de las parejas más reconocidas de la literatura universal. 



Jane
Jane Austen (1775-1817) es una destacada escritora británica de la época georgiana. Su narrativa destaca por una caricatura mordaz de su época, centrada en las sociedades provincianas; el empleo de la ironía y la crítica mordaz del interés y la apariencia; la construcción psicológica de sus personajes, a través del discurso indirecto libre. En sus novelas, además, nos regala parejas y romances inolvidables, sin descuidar en ningún momento el buen uso de las palabras. El solo nombre de Jane Austen es garantía de una excelente historia, además de la presente novela, les recomiendo Persuasión (1818), una historia llena de melancolía y reencuentros, perteneciente a la última etapa de producción de la autora y editada póstumamente. 

2 de abril de 2017

Ayer (1995), de Agota Kristof


"Ayer soplaba un viento conocido. Un viento con el que ya había coincidido."


Existen libros cuya lectura produce, a la vez, placer y angustia. Placer, por la exquisitez con la que se emplea el lenguaje, la ductilidad con la que se logran expresar sentimientos que no imaginábamos que pudieran caber en palabras. Angustia, porque aborda sin tapujos la muerte, el destierro y la soledad. Una vez que comencé a leer esta historia, simplemente no pude abandonarla. Sin temor a equivocarme, creo que la última vez que experimenté una sensación similar fue hace algunos meses, con el descubrimiento de La campana de Cristal (1963), la novela de la escritora estadounidense Sylvia Plath.

Ayer (1995) tiene como narrador y personaje principal a Sandor Lester, un joven sobreviviente de la guerra, que vive como refugiado en un país desconocido. Allí trabaja de operario en una fábrica de relojes, aunque sueña con ser escritor. Su vida es un constante cúmulo de negaciones, un sucederse incesante de fracasos que malogran hasta el más nimio  de sus "logros". No obstante, el ritmo de la prosa de Kristof es tan atrapante que en ningún momento se experimenta la fatiga o el desgano, sino más bien el deseo apremiante de que el personaje supere los mandatos sociales y logre, al menos, un momento de felicidad. Me animaría a decir que es una novela que leerán de una sola vez o nunca concluirán, aunque quizás la curiosidad y las ganas de saber les ganen después de unos años.

Agota
Agota Kristof (1935-2011) fue una escritora húngara que residió en Suiza tras el exilio de su país de origen en el año 1956. Sus obras se caracterizan por desconocer su lengua madre y estar escritas en una lengua ajena e implantada, el francés. Por lo tanto, es necesario estar atentos no solo al contenido y las temáticas, sino también a la forma. Las marcas autobiográficas atraviesan su obra de punta a punta. Algunos de sus títulos más destacados son: la trilogía Claus y Lucas (1986-1991) y La analfabeta (2004). 







13 de marzo de 2017

[Fotogramas] Medianoche en París (2008), de Woody Allen

¿Nunca se han sentido fuera de época, como si su sentir fuera a contramano de los tiempos que corren?. Ahora bien, si tuvieran la oportunidad de vivir en otro momento de la historia, ¿cuál sería su primera opción?. La película Medianoche en París (Woody Allen, 2008), justamente, nos invita a fantasear con esa posibilidad. Gil Pender, su protagonista, se traslada al París de los años veinte y conoce a Gertrud Stein y al grupo de artistas al cual ella sirve de mecenas, mejor conocidos como la generación perdida. Mientras medito detenidamente sobre cuál sería mi "época dorada" (uno no puede apresurarse en este tipo de cosas), los invito a conocer algo más del argumento de este interesante film. 

Cartel promocional de
Medianoche en París (2008)
Gil Pender (Owen Wilson) trabaja como guionista en Hollywood, pero se considera a sí mismo como un escritor mediocre, ya que nunca ha podido terminar de escribir una novela. En el inicio de la película, se encuentra de visita en París, junto a su novia y sus suegros. Mientras que para estos últimos dicha ciudad no es más que un centro turístico donde gastar dinero, para Gil representa su lugar en el mundo. Durante sus paseos por los campos Elíseos y el museo Louvre, comienza a replantearse su trabajo y su futuro matrimonio, asimismo, recupera parte de su confianza y decide retomar la escritura de su libro. 

Sin embargo, el cambio radical de su vida llegará a partir de una serie de encuentros atípicos durante la medianoche. En ese momento, el protagonista da con un portal (en forma de un vehículo de inicios del siglo XX) que lo transporta en el tiempo hasta su "época dorada": el París de los años veinte. En sus recorridos por el pasado conocerá a los excéntricos Scott y Zelda Fitzgerald, quienes los pondrán en contacto con el selecto mundillo artístico que frecuentan. Allí conocerá a Ernest Hemingway y a Salvador Dalí, con quienes mantendrá largas y enigmáticas conversaciones; a Gertrude Stein, Pablo Picasso, Cole Porter y Luis Buñuel, entre otros.

¡Qué difícil tener que elegir sólo un momento de la historia! Después de consultarlo detenidamente con mi almohada, llegué a la conclusión de que mi "época dorada" también se sitúa en París, pero durante los años 60: Mayo Francés, existencialismo y el boom latinoamericano, que dio lugar a una de las sincronías narrativas más maravillosas de todos los tiempos y, con ella, a muchas de mis novelas predilectas. La década en la que los sueños no eran utopías, sino posibilidades.




"Bajo los adoquines, la playa"

24 de febrero de 2017

La pequeña Dorrit (1857), de Charles Dickens



Después de muchas idas y vueltas, finalmente pude dedicar mis vacaciones a la lectura de esta novela, una de mis preferidas dentro del inmenso mundo Dickens. Debo advertirles que no se trata de una novela de fácil lectura, dada la cantidad de personajes y de tramas que se tejen alrededor de la historia central. El gran caudal de información nos obliga a tener que volver atrás para revisar algún nombre o hecho que pudimos haber dejado escapar en la primera lectura. Sin embargo, con este autor nada queda librado al azar y hacia el final todo tendrá una explicación satisfactoria. 


La pequeña Dorrit es, sobre todo, la exposición y la denuncia de una de las ironías más grandes del sistema judicial inglés: las cárceles de deudores. El hecho de que un deudor caiga preso sin tener la posibilidad de trabajar para poder pagar su deuda es un sinsentido, que la propia familia del escritor padeció cuando éste era apenas un niño. Si el deudor no encontraba quien lo ayudara debía resignarse a transcurrir sus días encerrado junto a su mujer y sus hijos. Es decir, que la condena del padre de familia suponía, también, la condena de toda su familia, cuyos miembros (sin importar su edad) debían salir a trabajar para procurar su manutención.

Un día en la vida de Amy y su padre.
La protagonista de la historia es Amy Dorrit, mejor conocida como la "pequeña Dorrit", por ser la menor de tres hermanos y poseer una fisonomía menuda, casi infantil. Esta joven ha vivido toda su vida dentro de los muros de Marshalsea, una cárcel de deudores tristemente célebre de la época, la cual ha albergado a su padre por más de veinte años. Desde su temprana niñez, Amy asumió la responsabilidad de sacar adelante a sus hermanos y servir de consuelo al señor Dorrit, quien aún continúa viviendo en sueños una vida de holgura económica y prestigio del que hace muchos años carece. Por eso, la joven no solo tiene que trabajar para ayudar a su familia, sino que también debe hacerlo a escondidas de su padre, quien finge no enterarse de nada.


El señor Clennam y la pequeña  Dorrit,
según la serie de la BBC del año 2008.
En medio de ese estado de angustia permanente en el que vive la protagonista, se cruza en su camino Arthur Clennam, un comerciante recién llegado del extranjero que se interesa en su penosa situación. De alguna manera, intuye que ayudar a esclarecer el pasado de los Dorrit supondrá, también, saldar las cuentas pendientes que tiene su propia familia. Ese encuentro unirá sus vidas para siempre, pues los hechos se tejen de tal manera que ambos terminarán experimentando en carne propia la suerte del otro. Por lo pronto, prepárense para ver desfilar por las páginas de la novela a decenas de personajes, algunos oscuros y otros entrañables, cuyas historias se irán enlazando magistralmente a la de nuestros protagonistas, quienes se tomarán su tiempo para aclarar y expresar sus sentimientos.


Charles Dickens (1812-1870) es el escritor más destacado de la era victoriana, conocido por su prolífica obra de alto contenido social. En un primer momento, sus novelas y cuentos fueron publicados a modo de folletín por entregas, ya que una de las grandes preocupaciones del autor era que su mensaje llegara a aquellos que no contaban con el dinero para comprar un libro. Tenemos que imaginar a un grupo de personas que en algún momento de su arduo día se juntaría a escuchar de la voz de algún lector las peripecias de la pequeña Dorrit, de Tip o de David Copperfield. Sin lugar a dudas, el modo de relacionarnos con su literatura ha cambiado, pero a veces quisiera que volvieran esas lecturas colectivas. Entre la basta producción de este escritor les recomiendo: Casa desolada (1853), Grandes esperanzas (1861), Oliver Twist (1838), David Copperfield (1850) y Nicholas Nickleby (1839). 

15 de febrero de 2017

El paraíso de las damas (1883), de Émile Zola

Editorial Alba
Año 2013
648 páginas

Esta novela es el resultado de un estudio que el autor emprende en el año 1882, a partir del cual se propone retratar las consecuencias económicas que provoca el surgimiento de las grandes tiendas en París. La 
historia implica un cambio con respecto a la tónica general de las obras de Zola, dado que está dotada de un optimismo en los cambios que acarreará el progreso. En esta oportunidad, los personajes podrán revertir su situación social y escapar al destino que les ha sido asignado desde su nacimiento. Todo ello, en un contexto social dominado por la desigualdad, la preponderancia del valor "dinero" y las arbitrariedades de los que más tienen.

La historia gira en torno a un gran almacén parisino conocido como "El paraíso de las damas", que desata el fervor consumista de las mujeres (aristócratas y burguesas por igual) y la ruina de las pequeñas tiendas ubicadas en las cercanías de esa gran mole edilicia. Dicho almacén es, además, el espacio en el que se desarrolla la peculiar historia de amor entre Octave Mouret, el patrón, y Denise Baudu, la torpe y joven dependienta. Ambos emprenden, de manera inconsciente al principio, una lucha de voluntades que terminará por doblegar a uno de los dos. Por un lado, Mouret es un comerciante rico y poderoso que se jacta de conocer la debilidades del género femenino y saber cómo seducirlas, ya sea para que se conviertan en sus clientes o en sus amantes.


"Mouret tenía como única pasión la de imponerse a la mujer. Quería que fuera la reina de su casa, le había construido aquel templo para tenerla a su merced en él. En eso consistía su tácti­ca, en embriagarla con galantes atenciones para poder traficar con sus deseos y explotar sus febriles impulsos."


Denise, por su parte, no parece responder al modelo de mujer que suele atraer a los hombres como Mouret. Se trata de una joven de provincia, pobre y apocada, cuya máxima preocupación es la manutención de los dos hermanos que tiene a su cargo tras la muerte de sus padres. Este personaje posee, además, un cúmulo de valores que le servirán de salvavidas en los momentos más críticos y la resguardarán del destino socialmente asignado. A pesar de todos los pronósticos, su halo de influencia sobre "El paraíso" se va extendiendo de manera paulatina y amenaza con envolver al propio dueño.

Por otra parte, la novela nos ofrece vívidas descripciones de las estrategias que idea Mouret para erigir su imperio comercial, ya sea a través de insólitos recursos publicitarios como así también mediante la distribución y la exposición de la mercadería. Les sorprenderá darse cuenta que las estrategias de marketing no han variado demasiado en nuestros días, de la misma manera que nuestra ingenuidad consumista. Cada nueva inauguración de "El paraíso" se lleva a cabo en medio de un despliegue casi cinematográfico, el narrador nos describe las texturas de las telas, los oropeles de la decoración de estilo árabe, la apariencia de las clientas, los gestos y los cuchicheos de los vendedores. Como trasfondo de ese ajetreo, se desarrollan y entrelazan decenas de historias de amores y traiciones. Todo, bajo la atenta mirada del dueño del almacén.
"Las cabezas tropezaban con montones de cintas apiladas; una muralla de franela destacaba como un promon­torio; por todas partes, los espejos daban profundidad a los almacenes, reflejaban mostradores y retazos de clientes, cabe­zas echadas hacia atrás, hombros y brazos partidos por la mitad. Y, en tanto, las galerías laterales abrían nuevas perspecti­vas: nevados callejones en la ropa blanca; hondos pasadizos moteados en la calcetería; perdidos horizontes que iluminaba el ramalazo de luz de alguna vidriera y en los que la muche­dumbre no era ya sino un polvillo humano."
Émile Zola (1840- 1902) fue un escritor francés, reconocido como el máximo exponente del naturalismo literario. Sus obras se destacan por retratar de forma detallada (y por momentos descarnada) los padecimientos de la clase trabajadora. Esta novela nos muestra a un Zola convencido en la necesidad de los cambios que acarrean los nuevos tiempos. Desde su perspectiva, el progreso implicará un cambio en la vieja estructura social, la arcaica aristocracia deberá ceder terreno a una burguesía emprendedora, pero también, deberá suponer un cambio en las condiciones laborales de los empleados. Si les pasó como a mi y se quedaron con ganas de saber más, adjunten a su lista de pendientes los libros de la serie Les Rougon-Macquart que preceden a esta novela, La conquista de Plassans (1874) y Miseria humana (1882), en los cuales conoceremos la primera juventud de Mouret y su llegada a París.

14 de febrero de 2017

El amor en la literatura


En este día de los enamorados me fue imposible no pensar en las diversas historias literarias que tienen como factor común el amor y en esas maravillosas parejas que lo han encarnado. Como postal de esta fecha les dejo estos títulos, los cuales simbolizan al amor en muchas de sus facetas: el romántico, el apasionado, el inconveniente, el que trasciende el tiempo, el problemático y el inesperado. Desde ya, los animo a emprender la lectura de cualquiera de estas novelas. 





Orgullo y prejuicio (1813), Jane Austen 
1Q84 (2009), Haruki Murakami
Expiación (2001), Ian MacEwan
Lo que el viento se llevo (1936), Margaret Mitchell 
Norte y sur (1855), Elizabeth Gaskell
Persuasión (1817), Jane Austen 
El amor en los tiempos del cólera (1985), Gabriel García Márquez
Jane Eyre (1847), Charlotte Brontë  (reseña)
El beso de la mujer araña (1976), Manuel Puig
Regreso a Brideshead (1945) Evelyn Waugh 
Cumbres Borrascosas (1847), Emily Brontë
Una habitación con vistas (1908), Edward Morgan Foster